NO ES SÓLO SEXO, TAMBIÉN ES CUESTIÓN DE SENTIMIENTOS
“Cada hombre tiene sus preferencias”
Persius. Poeta etrusco.
Ahí estaba Sebastián, parado en la esquina de aquel barrio oscuro y al parecer vacío del municipio de Rionegro, su soledad se mimetizaba con la noche algo lluviosa y tétrica, una noche que parecía sacada de cualquier película de terror donde los protagonistas son hombres-lobo o vampiros. Cautelosamente me le acerqué dándole a entender que era su amigo, compañero y confidente.
—¿Qué te pasa?
Él respondió con un murmullo suave, un gesto de tragedia y algunas lágrimas que se contuvieron por un momento en sus ojos hasta desbordarse y recorrer sus mejillas, teniendo como límite la humedad de sus labios o su camiseta roja ajustada que permitía ver su cuerpo marcado, producto de varios días en el gimnasio. Me quedé mudo por un momento, paralizado y absorto, en aquel lapso corto me alcancé a imaginar tantas tragedias como gotas de agua golpeaban mi cabeza. El silencio se apoderó de aquel escenario incómodo al cual me había sometido, no sabía qué decir, evitaba mencionar cualquier cosa que le pudiera perjudicar y hacer mas daño, fue de esta manera que sólo me dediqué a mirarle su cabeza inclinada en símbolo de angustia, miedo o rendición. Unos minutos mas tarde el estado de mudez absoluta fue rota por su voz entrecortada y melancólica que dejó en evidencia la razón de su incontenible sufrimiento.
—¡Soy homosexual!, ¡soy marica!
Fueron las palabras que desesperadamente dijo en el instante que se tiró al piso, se agarró el cabello un tanto mojado y gimió de rodillas renegando contra Dios por su condición sexual. Fue duro para mí estar en aquella parte de su historia, yo seguía enmudecido y con mis ojos atentos a lo que hacia, me le acerqué y cuando fui a estirar una de mis manos para ponerla en su hombro, se levantó mirándome fijamente con sus ojos agotados, y enrojecidos.
—¿Me puedo desahogar? —Preguntó en voz baja.
—Obvio. —Al mismo tiempo asentí con mi cabeza.
Entonces suspiró invocando calma, aclaró un poco su voz y comenzó a relatar su historia dolorosa.
—El problema comenzó durante mi adolescencia cuando noté que pensaba y sentía de manera diferente a mis amigos del colegio; pues ellos haciendo caso al funcionamiento hormonal de su temprana edad llevaban a clase algunas revistas de mujeres desnudas y compartían el goce de observarlas. Como buenos amigos que éramos, solíamos salir de clase e irnos a la parte trasera del colegio para refugiarnos en una especie de cabañita donde nadie nos podía ver; en plena libertad dentro de nuestro espacio Christian, el más viejo, sacaba la “Playboy” que, según él, tomaba sin permiso del “cajón privado” de su hermano mayor. Página tras página era observada y analizada con detenimiento; todos se quedaban con la boca abierta al ver plasmadas aquellas esculturales y voluptuosas mujeres en sus poses mas eróticas y sensuales, yo me limitaba a observar pero no me causaba la misma gracia que a ellos, no sentía absolutamente nada, a no ser que, dentro de la galería de imágenes femeninas, se destacara algún macho con el torso descubierto; eso, aunque suena raro, despertaba en mí cierto placer que me negaba a aceptar, pero a medida que pasaba el tiempo mi interés por los hombres se hacía cada vez mas fuerte, a tal punto que alimentaba mis deseos por medio de pornografía gay bajada de la Internet. Siempre he tratado de ocultar mi homosexualismo mostrándole a mi familia y amigos una felicidad y masculinidad que en realidad no poseo, me he refugiado en diferentes mujeres con las cuales he vivido ciertas aventuras, pero, con ninguna me satisfice totalmente. Todo esto con el afán de darle gusto a mi madre, un tanto moralista y pacata que concibe a los gays como personas extraviadas y pecadoras que van a ser condenados en lo más profundo del infierno y a mi padre machista, que no consentiría tener un marica por hijo; mi vida ha sido muy difícil desde que me di cuenta de mis sentimientos y gustos, me he tragado y guardado el sufrimiento para mí solo y mírame acá, hecho pedazos, muriendo por un amor imposible, muriendo por mi mejor amigo, lastimosamente me enamoré de él y, aunque no lo sabe, creo que se lo imagina y por tal motivo se está alejando de mí; hoy lo encontré desnudo en la cama con su novia, eso me llevó a enloquecer, y yo, aunque he tenido relaciones gay, nunca he ido mas allá de un beso o una caricia, guardaba la esperanza de que las cosas se dieran entre nosotros y así poderme entregar en cuerpo y alma sin ningún miedo ni prejuicio, pero bueno, así son las cosas y lo que más me gustaría en este momento es morir para no desilusionar a nadie, para no hacerle daño a mi familia y para no hacerme más daño.
A su historia le puso como punto final unas lágrimas que fluyeron y se mezclaron con la lluvia, me estiró la mano, me dijo gracias y salió corriendo, dejando sólo las huellas de lo que me había contado aquella noche fría del mes de octubre…
Un nuevo día había llegado, y éste se mostraba hermoso, el sol iluminaba todo el altiplano del oriente antioqueño, pero mi cabeza aún seguía nublada y fría, en ella sólo existía el recuerdo amargo de ver a Sebastián sumido en la angustia y la desesperación y yo, sin poder hacer nada, mis pensamientos comenzaron a dar vueltas al compás del segundero del reloj que reflejaba el paso del tiempo, así fue como llegó la noche y, con ésta, una nueva experiencia que marcaría nuestras vidas y nos haría ver las cosas de manera diferente.
A eso de las 22:00 horas salí a toda prisa de mi casa, para ir rumbo a San Antonio al encuentro con algunos de mis compañeros, nuestra intensión en el lugar se resumía en dos palabras: discoteca gay. Era sábado y la condición en el barrio, a pesar de la lluvia y el frío que penetraba hasta los huesos, era agradable y divertida: gente, música, alcohol y comida, hacían parte fundamental de la “zona rosa” de Rionegro aquel 18 de Octubre. Vacilamos un rato, dimos algunas vueltas y decidimos entrar a ese mundo que no conocíamos y el cual nos producía temor, miramos a lado y lado de la calle pensando en el qué dirán y una fluidez de “valentía” nos impulsó a entrar: ya estábamos en Miragge Evollution. Pagamos la entrada, se abrieron las puertas y nos mezclamos entre aquella multitud, la mayoría hombres jóvenes y bien parecidos, nos situamos en una esquina de la discoteca y empezamos a observar con atención el ambiente del lugar, un ambiente de diversión, baile y electrónica, un ambiente donde los prejuicios de la sociedad quedan deshechos con la unión, el respeto y el amor que puede nacer entre dos personas del mismo sexo, un ambiente que hace mérito a la palabra Gay que significa alegre y divertido; fue de este modo que nos quitamos la vendas impuestas y nos dedicamos a ver mas allá de lo que nos muestra la religión y la sociedad que va en contra de personas comunes que simplemente tienen un gusto diferente y que buscan como cualquier ser humano amar y ser amados, fue hasta ese momento que comprendí a Sebastián y la razón de su angustia, él no sufría por ser gay, él sufría por ser homosexual, y como todos los demás allí reunidos él debía aceptar su situación (salir del clóset), sólo hasta ese momento, se puede encontrar la felicidad y libertad que predica y manifiesta la comunidad gay.
1 comentarios:
Publicar un comentario