MALENA BAILA LA SALSA COMO NINGUNA (PERIODISMO 1)

Por: Liliana Marcela Barreto Bernal.
Comunicación Social Periodismo, IV nivel.
U.deA. Seccional Oriente.

Mientras acariciaba su pierna derecha, y en su otra mano alzaba un vaso lleno de cerveza, ella sollozaba. Tenía sus cabellos atados, su rostro reflejaba una profunda angustia, y con palabras entre cortadas decía: Estoy enferma… me muero de amor; yo le di todo, le abrí las puertas de mi casa, lo mimé, lo amé como quizás nadie lo ha amado y ahora que su mujer ha regresado, él me condena a la indiferencia ¡Madlita sea! La noche estaba estrellada, el ambiente de rumba, de un sábado por la noche, emanaba esa sensación de vida nocturna que habitualmente en el fin de semana se percibe en La Ceja. La bulla de los carros, la música de todas las tabernas y la algarabía de los jóvenes por las calles, hacía que su corazón guardara la esperanza de que Ricardo pasara por el frente del café de Nebio, para volverlo a ver.
Malena es una mujer madura, ya cuarentona, quien aún conserva esa belleza exótica, de mujer ballenata. Su presencia y forma de caminar proyecta una sensualidad que la hace resaltar entre todas las mujeres y con ello, ser el centro de atención de cualquier escenario.

Quiebracanto
Los artistas de La Ceja, se congregan usualmente en el bar de Ricardo, en donde éstos encuentran un ambiente intelectual, de buena música, libros y revistas para leer y de charlas que generan la crítica y el debate, unos con otros, sobre cualquier tema.
La situación de Ricardo, por aquellos días, era algo conflictiva en su hogar puesto que, su mujer había tomado la decisión de irse para Medellín a trabajar y de este modo, le dejó a cargo sus dos hijos menores y el bar.
El cinco de abril, fue una noche en la que la euforia de la gente estaba exaltada, pues, las personas ya con sus rones y cervezas en la cabeza, los hacía romper el rito intelectual y mejor se dejaron llevar por los sones cubanos, y la salsa brava con la que Ricardo amenizaba la rumba.
Además, de romperse el esquema habitual, llegó Malena, quien desde hacía mucho tiempo no se dejaba ver por el medio de los artistas, y esa noche, esta mujer se vistió de magia y alegría, su presencia era como un ensueño para todos sus amigos que la saludaban con abrazos llenos de felicidad. A su mesa se sentaron sus dos mejores amigas del colegio, conversaban con la curiosidad de saber los últimos acontecimientos de sus vidas, divorcios, nuevas relaciones, los hijos. Ron, cervezas, cigarrillos, circulaban entre ellas… sonó una salsa de Richy Rey y Malena se levantó a bailar sola.
Toda la atención de los ojos de Ricardo, se centraba en ella, aplaudía desde la barra para llamar la atención de aquella diva, gritándole una parodia de aquel conocido tango de Homero Manzi, ¡Malena baila la salsa como ninguna! Ella percatándose del coqueteo de él, meneaba sus caderas con más sabor, abría sus brazos para dar sus mejores pasos costeños, hasta que Ricardo no aguantó más y se acercó a Malena para que le concediera una pieza. De allí no se separaron durante toda la noche.

La soledad, fue la cómplice de un encuentro clandestino entre ellos dos, su amor se prolongó durante algún tiempo, en el que Ricardo, como cazador nocturno, iba a la morada de Malena para disfrutar de sus mieles, haciéndola sentir de nuevo mujer deseada y amada con desenfreno. Malena contemplaba el universo como un aliado en el tiempo, en donde por fin esa atracción que sentían mutuamente, desde adolescentes, pudo cumplirse y de esta manera puso todas las ilusiones en su nuevo amante. Era para ella la oportunidad de renacer como mujer, al darle vida a sus pasiones con los brazos fuertes y la piel desnuda de Ricardo, quien poseía con locura todo su cuerpo.

Desde que su mujer regresó, todo ha terminado. Muero, muero, siento que este desamor afecta mi sistema digestivo, quiero que este amor salga por todas partes de mi cuerpo, que mis poros exhalen hasta el último momento que estuvimos juntos. No es fácil para una mujer de mi edad que los hombres no sean suficientemente valientes para enfrentar las adversidades que trae acuñada una relación, el me ama y me desea yo lo sé, pero es el miedo de dejar su antigua vida por una relación que quizás no le genera suficiente estabilidad.
Con estas palabras Malena se tomó el último sorbo de cerveza que le quedaba en el vaso, cuando de pronto, desde la mesa, su atención se dirigió al otro lado de la cera, allí estaba él, entrecruzaron sus miradas, Malena alzó su ceja derecha con un suave movimiento contrario de su cabeza y una pequeña sonrisa de satisfacción le iluminó el rostro, al haber marcado desde la distancia, en ese mismo instante,el pacto de un nuevo encuentro con su amante.

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