A sólo 30 minutos en bicicleta: ‘La pequeña playa y la fábrica abandonada’


En extensión se dice que El Carmen de Viboral es uno de los municipios más grandes en Antioquia, no he comprobado eso pero si sé por lo menos que hace parte de los más verdes y cordiales campos de la región. Un conjunto de montañas que hacen parte de la masa principal de la cordillera Oriental de Antioquia y Central de los Andes rodean estas tierras donde el aire puro se respira sin vacilación. De las cincuenta y tres veredas que tiene El Municipio a una he llegado hoy. Sí, aunque en realidad es corregimiento que entre verdes campos construye su día a día.El corregimiento de la Chapa esta ubicado hacia el oriente del Municipio y bastan 30 minutos en bicicleta para estar allí. Quebradas que marcan corriente abajo, y que algunos jóvenes cuñan con piedras y costales llenos de arena, para forzar el estanque en el que nadan en las tardes donde el sol resplandece y golpea con furia; parece que con un pincel la naturaleza hubiera conspirado a favor de este paisaje. Corren las piedras al paso de caballos, carros, motos y mi bicicleta. Detenido diviso aquello que mis ojos ven alrededor. Justo al lado de la quebrada hay una vieja edificación de color blanco y tintes amarillos. La construcción en tapia corresponde a la vieja fábrica de cerámica La Continental. La que mas producción exportaba en El Municipio y que apago sus hornos a finales de los 90’s.

En un tercer plano ubico la iglesia y la aglomeración de casas a su alrededor ¡Vaya que ha crecido! Solía venir por acá cuando a penas era un chico. Caminaba por todos estos paisajes abriendo caminos, cogiendo chócolos o zanahorias. Yo era el líder de la manada que me acompañaba. Traía a varios primos que visitaban el pueblo en las vacaciones desde Medellín. La costumbre era estar en los charcos y en las mangas. Deseaban tanto conocer el mar que yo cree una playa para ellos.

Abajo, en la cañada que ahora me devuelve al pasado quedaba la playa. Un borde de la quebrada lo más parecido Boca grande. Después de un largo caminar tendíamos una sabana y descargábamos la gigante coca con arroz y fritos que más tarde serviría para el gusto de todos. ¡Que tiempo aquellos!

- Buenos días joven

- Buenos días señora

Al seguir, el colegio de la Chapa es la indicación de que ya he llegado, quiebro a mano izquierda y me dirijo a la vieja fábrica. Mientras avanzo en mi bicicleta escucho conversaciones de los lugareños que hablan de la fiesta del campesino que van a celebrar el sábado con trovas y música.

Hace cuatro años, mis turistas decidieron por el clima no ir a la playa sino conocer las instalaciones de esta fábrica, así que el guía complaciente se motivo a irrumpir en el sitio. No había forma pacifica de entrar, así que nos trepamos por un viejo muro. El frio era intenso, aun se siente. Mientras los primos sorprendidos recorrían el abandonado lugar, yo trataba de reanimar los pedales de moldeo, las vajillas coloridas, los stands llenos de pocillos, tasas y platos ¿Un perro en la fábrica? Ese perro si que nos asusto, es muy lúgubre todo esto. ¡Que hornos tan grandes, parecen las construcciones de esquimales! Mi mirada inerte recorre Tuberías, tanques gigantes, salones de los que estoy seguro eran oficinas. No conocí la fábrica en funcionamiento pero los trabajadores pasan y pasan, conversan y trabajan a mí alrededor, que locura.

Las cosas de la vida, si este corregimiento es historia para mí, no quiero imaginarme lo que es para la gente que lo habita o labora acá. La lluvia se ha descargado y mis manos frías se desprenden de las rejas en la entrada principal a la Continental. Ya me ha dado algo de hambre y ganas de escribir, por eso me marcho. La lluvia golpea mas fuerte sobre los plásticos que recubren los cultivos de flores, el marco pintado con tonos fríos pero no por ello menos amigable dejo con cada pedalazo, los cultivos se están refrescando y los campesinos almorzando.

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